Después de mi abducion espiritual
de la bellísima e impresionante Lalibela, mi intención era viajar hasta Gondar.
Para ello debería llegar primero a Casena y luego hasta Wereta y
desde allí a Gondar.
Pero una cosa son los planes y
otras las realidades. Resulta que la noche anterior había llovido con fuerza y
durante largo tiempo.
Después de tomar el autobús a
Casena y coger el coche colectivo que me llevaría a Wereta, tuvimos que parar
nada más llevar unos pocos kilómetros en circulación. Una fila de
coches y camiones taponaban la carretera que aquí todavía era de tierra. Todos
los viajeros de camiones, furgonetas colectivas y coches estaban en pie
esperando acontecimientos.












